Es más de medianoche, la verdad no sé si a sido buena idea pero no podía estar en casa dando vueltas todo el rato en la cama así que me he tenido que ir. Se esta bastante bien, no hace nada de frío, pero aun así no me había puesto unos pantalones cortos ni un gran escote, por si acaso, ya sabéis, por si sale algún borracho o algún tipo que no entienda lo que es dejar en paz a las chicas que le dicen no.
Iba tranquilamente andando por la calle, por suerte en los restaurantes aún había gente, lo que me tranquilizaba un poco. Las farolas no iluminaban mucho ya que había varias que estaban fundidas.
Gire la esquina para llegar al edificio pero una imagen me hizo volver a esconderme otra vez.
No puede ser, ¿en serio? Oía la risa de la chica hablando con el chico, asome la cabeza poco a poco para ver si era cierto y sí, vi como se miraban directamente a los ojos y acercaban poco a poco sus cabezas para darse un beso el uno al otro. Y me volví a esconder, allí estaba yo escondida mientras Sara besaba a Chema.
-Me tengo que ir.- Se oyó decir a la voz de Chema.
-De acuerdo.- Le contesto la de Sara.
Me puse detrás de un contenedor a ver que Chema iba a pasar al lado mio u cuando ya estaba alejado salí cuando oí un portazo, Sara había entrado.
No sabía muy bien que hacer si entrar o volver por donde había venido, pero al ver que había unos grupos de chicos medio borrachos que no lanzaban muy buenas vibraciones a unos treinta metros descarte la última opción. Así que busque la llave en mi bolso y abrí la puerta que hacía un chirrido.
-¿Quién es?- Preguntó Sara.
-¿Sara?¿Eres tú?- Pregunte como si no supiera que estaba.- Soy Julia.- Dije subiendo las escaleras hasta llegar al salón y sentarme en el sofá.
-¿Julia?¿Qué qué haces aquí?- Dijo saliendo de las escaleras.
-¿Y tú?- Pregunte.
-Vine para estar sola que no podía dormir. ¿Y tú?- Me respondió.
La verdad es que tuve que respirar tranquilamente para no gritarle que eso era mentira, que había vuelto con él.
-A mi me a ocurrido lo mismo estaba en casa dándole vueltas a una cosa y al final decidí venir aquí ya que no podía dormir. ¿Pero has venido desde tan lejos?- Le pregunté.
-¿Qué?- Dijo sin entender lo que le quería decir desde la cocina para coger algo de comer.
Ya me contó ella que cuando estaba nerviosa o no podía dormir comía bastante.
-Que tu casa esta muy lejos a más de tres cuarto de hora andando, la mía apenas esta a un cuarto de hora. Yo apenas me he atrevido a venir a estas horas desde mi casa sola, así que no me había imaginado desde la tuya.- Le dije sinceramente y mirándola detenidamente.
-Hombre, al principio tenía un poco de miedo y a verdad, es que al salir de mi casa sin que mis padres se dieran cuenta solo quería tomar un poco el aire pero luego e pensado que lo mejor era venir aquí.- Dijo con una bolsa de galletas en la mano y otra de nocilla en la otra.- ¿Te acuerdas del manjar que nos dimos el primer día cuándo estábamos solas el primer día?
-Si, como olvidarlo.- Reí.
Pues si, como olvidarlo estábamos en su habitación terminada ya que era como la más fácil de hacer y en seguida tuvo la idea. Nos tumbamos en su cama y empezamos a untar galletas con nocilla.
Sara, que estaba sentada en el suelo con las piernas estiradas y la espalda apoyada en el sofá, cogió la primera galleta la unto en el bote haciendo que mitad de ella se quedara con el chocolate y le dio un mordisco. Después de hacer esta me sonrió y me ofreció una galleta y fue allí cuándo lo vi, tenía las pupilas dilatadas y los ojos un poco rojos. Vale estaba segura, había vuelto el mundo de las drogas.
Intente disimular que no me había dado cuenta y me comí la galleta tranquilamente.
-Y, ¿se puede saber que es lo que no te hacia dormir?
Se quedo un rato sin decir nada, sabía que me iba a mentir pero haber quería saber que escusa me iba a poner.
-Creo que he hecho una gran tontería.- Me dijo mirando al suelo. Veía que era sincera conmigo, estaba mirando al suelo seguramente porque hasta le da vergüenza lo que ha hecho. -Lo peor es que no sé porque lo he hecho con lo feliz que estaba no me faltaba nada, pero como soy tan estúpida e idiota que siempre la tengo que fastidiar.
-Oh venga Sara tranquila, que no pasa nada.- Le consolé mientras le acariciaba el pelo.
-No, Julia, si que pasa es que no sé porque hao semejantes estupideces,- levanto la cabeza y volví a toparme con sus ojos, estaban rojos y estaba vez no por la droga si no porque estaba llorando- parece que me gusta hacer lo que luego me valla a hacer daño.- Le seque la lágrima que salía de so ojo derecho con suavidad.
-Tranquila, yo estoy aquí, y por más tonterías que hagas yo te ayudare y estaré a tu lado.- le sonreí.
-Vale,- rió ella tranquilizándose- y tú, ¿porque no podías dormir?
-Tengo la cabeza hecha un lío, no sé que hacer, pero no me apetece hablar de ello.- Le pedí mientras me tumbaba en el sofá boca arriba. A ella le pareció bien que no quisiera contare lo que me había pasado.- ¿Quieres ver una peli? Son un poco viejas, pero son muy buenas- exclame saltando del sofá hasta la caja donde estaban las cintas, cogí las cintas y se las enseñe a Sara- las trajo Carlos de su casa porque son de cinta y allí solo utilizan DVD.
-Buah, yo tengo un montón de películas de cinta que ahora ya no puedo ver por los mismo.
-Si, a mi me pasa lo mismo pero la mitad mía son de Disney. Tráete alguna tuya si quieres de tu casa.
-Vale, lo haré. Haber que hay por aquí. ¡Titanic! Me encanta esta película, ¿la podemos ver?
-Claro.- Me reí.
Puse la película, mientras Sara preparaba las palomitas. Y allí estuvimos viendo la película mientras comíamos palomitas y bebíamos refrescos, luego pasamos la madrugada en mi habitación pintándonos las uñas y hablando sin parar. Se la veía mucho más feliz. Esta, esta si que era Sara, la Sara a la que ayude, la Sara a la que le invite a un helado, la Sara que ayudo a pagar la casa, la Sara de la que me hice amiga. Ha vuelto.
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