Estaba probándome el tercer vestido me subí la cremallera, bueno, me parece que me va bien. Salí del baño y les enseñe como me quedaba el vestido. me reí al ver las caras que pusieron, vale, seguro, este era el vestido.
-Es este el vestido.- Dijo Cris.
-Si, te queda genial.- Continuo Paula.
Yo me reí.
-Bueno, al menos me caben, no como los otros.
-¿Hace cuanto que no te lo ponías uno de estos vestidos?- Preguntó Paula.
-Yo que sé, desde los trece o catorce años o así.
-Y tienes 17.- Se rió Cris.
-Por eso os pedí vuestra ayuda.- Dije tirándome en la cama en medio de las dos amigas.
Sonó un pitido en el móvil de Paula miró el mensaje y cerro el móvil.
-Ya es oficial Sara no viene.- Exclamo.
-¿No?¿Por que?- Le pregunte.
-No lo sé, simplemente dice que lo siente mucho pero que no puede venir.
Me levante de la cama y me mire al espejo, me acuerdo perfectamente de este vestido lo encontré en el trastero cuando tenía 14 años, pertenecía a mi madre, era negro con un estampado floral.
Me mire dando una pequeña vuelta, no me quedaba también como ella.
-No es demasiado corto.
-No, yo no creo eso.- Dijo Paula que estaba apoyada a un cojín de mi cama.
Cris se levanto y puso sus manos en mi hombros.
-Julia, estas preciosa. Ya veras ahora toca los accesorios.
Me subí a los tacones, eran unos botines de color marrón claro, y me puse unas cuantas pulseras. Me retocaron el pelo con unos tirabuzones y me maquillaron un poco con un gloss rosa claro y un poco de colorete.
Al final me di por vencido y si, el vestido me quedaba muy bien.
-¡Venga Julia!¡Qué nos vamos!- Grito mi padre desde el piso de abajo.
-¡Ya voy!- Le respondí. Mientras daba vueltas por mi habitación buscando mi bolso.- Aquí esta.- Susurre cuándo lo encontré y lo cogí, me puse un pequeño colgante y me mire al espejo. Me retoque el pelo y salí de la habitación.- Ye estoy.- Le dije apareciendo por las escaleras.
Mientras bajaba por las escaleras vi como se le iluminaba la cara a mi padre que iba de esmoquin y una corbata roja. Esa sonrisa que se le ponía cuándo veía a mi madre.
-Estas... preciosa.
-Gracias.- Le sonreí.
Y salimos del edificio para entrar en el coche que nos llevaba a la cena.
-Sé que no te hace mucha gracia la cena. Pero necesitaba que vinieras. Están todos de las otras veces. ¿Te acuerdas de ellos?
-De casi todos, sobre todos los que tenían hijos.
-Será fácil de reconocerlos están iguales excepto alguno de sus hijos pero los podrás reconocer fácilmente.
La verdad es que tenía algunos buenos recuerdos de ellos pero la mayoría eran unos egocéntricos.
-¿De qué tengo que hablar?
-De nada en especial.
Después de un rato de hablar sobre lo que va a ocurrir durante la cena llegamos. Llegamos y entramos.
Era una gran planta con unas 48 mesas, parecía más una boda que una cena de empresa, todo el mundo era muy elegante los hombres con esmoquin y las mujeres con vestidos de gala, grandes pendientes, pulseras y collares de distintas piedras preciosas y tacones. La verdad se notaba mucho que todo el mundo de esta cena era rica.
Me mire en el espejo que tenía a un lado, tal vez no iba vestida para la ocasión, iba mucho más sencilla. Con un vestido bonito pero no extravagante,al igual que mi pelo, solo me había hecho unos pequeños tirabuzones y las mujeres de aquí tenían grandes peinados con muchas capas de laca, y los zapatos, todas con grandes tacones de aguja de más de diez centímetros, los míos apenas llegaban a los siete, y eso sin hablar de las joyas, todas grandes bañadas en oro o plata con diamantes, perlas, rubís u otras piedras, yo llevaba unos pequeños pendientes de plata de ley, un medallón y una fina pulsera.
-Estamos en la mesa 23.- Dijo la voz de mi padre que me sacó de mis pensamientos de los atuendos de los invitados.
Fuimos a la mesa pero en el trayecto nos encontramos a todo el mundo.
-¡Luis! Al fin llegas.- Grito un hombre que saludo a mi padre.-¡Hombre! Si te has traído a Julia.- Dijo dándome dos besos.
-Hola.- Dije después de una sonrisa.
-Nos a tocado en la misma mesa.
Que ilusión, pense en ese instante. Lo reconocí enseguida, era Oscar un compañero de mi padre. Estaba bastante más mayor que la última vez que lo vi, había cogido unos cuantos kilos de más, además de que se le había caído la mayoría del pelo. Estaba divorciado de una rubia, la verdad es que no me acuerdo mucho de ella, y tenía dos hijos, Hugo un chico muy guapo, al menos cuando tenía 13 años, y Andrea, una rubia que me caia bastante mal. No me apetecía comer en la misma mesa que ella seguro que era la chica que estaba más buena y la más creída de todo el restaurante.
Oscar empezó a hablar con mi padre mientras que yo estaba de pie a su lado sonriendo y asistiendo con la cabeza.
De repente un chico de algo más de 1´80 apareció por su lado, se notaba que hacia ejercicio, tenía unos ojos azules y unos cabellos dorados que le alborotaban el pelo.
-Papá he visto a Antonio y me a dicho que quería hablar contigo.- Exclamó a Oscar.
De repente levanto la mirada y se me quedo mirándome con cara de asombro.
-¡Hombre mira quien a venido!- Le dijo Oscar a su hijo.- Esta Julia, ¿Julia te acuerdas de mi hijo Hugo?
-Si, si, claro que me acuerdo.- Dije con una sonrisa.
-Hombre, eso espero después de los buenos tiempos que pasábamos de pequeños en estas comidas.
-Si.- Reí al recordar todas las travesuras que hacíamos se suponía que eramos "novios". La verdad es que era bastante simpático la que era un horror era su hermana.
Aunque a veces el también era bastante antipático con los demás, me acuerdo que sobretodo le tomaban mucho el pelo a una pelirroja diciéndole que era feo o delgaducha.
-¿Quieres venir con los demás?
-¿Los demás?
-Si estamos bastantes y muchos se alegraran de volverte a ver.
-Bueno...- mande una mirada a mi padre y esta me dijo que si con la cabeza- vale.
Me cogió de la mano y me llevo a un rincón donde había cuatro chicos más. Estaban los gemelos Lucas y Julian, eran altos y delgados la verdad que no muy guapos pero eran bastantes simpáticos, sinceramente a mi siempre me recordaban a los gemelos pelirrojos de Harry Potter, a su lado estaba un chico bajo de ojos marrones y pelo castaño más cortos por los lados que por arriba, era Carlos un chico alegre que siempre me hacía reír mucho, los tres iban de esmoquin conociendo a sus madres seguro que han sido ellas las que les han obligado a ponerse eso, porque ellos no se ven muy a gusto, luego estaba la pelirroja la verdad es que ahora era bastante más guapa era un poco baja aunque estaba bien de altura y delgada tenía el pelo largo, bastantes pecas por la nariz y los mofletes y unos grandes ojos grises creo que se llamaba María, dí un respiro al ver que no era la único que iba vestida más simple, llevaba una falda beige con flores rosa con un pequeño cinturón marrón, una camiseta básica blanca y una chaqueta americana rosa pastel, llevaba un pequeño bolso violeta pastel a un lado todo esto lo completaba con unas sandalias del mismo color que el cinturón de unos cuatro centímetros de joyas solo llevaba un gran anillo rosa claro, iba simple pero elegante, la verdad era la única que parecía que iba a una cena de empresas y no a una boda. Bastante más alejada de ella estaba había una rubia con tirabuzones alta y delgada que vestía un vestido largo rojo con los labios y las uñas del mismo color, era Megan la hija de unos americanos de los más importantes de la empresa, lo raro es que no estuviera al lado de Andrea.
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