Estaba en el centro comercial, en la tienda de cosméticos comprando maquillaje nuevo, cuando sonó mi teléfono.
-¿Qué quieres mamá?
-Ven pronto que tus tíos van a venir a cenar.
-Si, ya lo sé.- Dije mientras miraba los pintalabios.
-Bueno, yo te lo recordaba. Que nos conocemos Sara.
-Que poca confianza tienes en mi.- Reí.
-Eso lo sabemos las dos de sobra.- Se oyó a mi padre llamar a mi madre desde el otro lado del teléfono.- Bueno Sara que tu padre me llama, recuerda, dentro de una hora te quiero aquí. Que la cena es a las nueve en punto.- Mire el reloj, las siete y media.
-De acuerdo, hoy llegare pronto.
Salí del edificio con una pequeña bolsa que guardaba el maquillaje que me había comprao, en dirección hacia mi casa. Y entonces fue cuando lo vi. Estaba con su grupo de amigos. Llevaba unos tejanos, una camiseta negra de manga corta y las zapatillas que le elegí. Uno de sus amigos me vio y me señalo con la barbilla, entonces fue cuando se giro y me sonrió. Yo no le hice caso y seguí andando decidida.
-Hola Sara.- Se oyo detrás de mi.
-Hola.- Dije sin girarme.
-Oye, ya se que no he sido el mejor novio del mundo. Pero por lo menos deja me invitarte a un helado.
Me gire lentamente.
-Por favor.- Me susurró.
Yo no le quería decir nada, pero parecía que estababa arrepentido. Le señale que si con la cabeza y fuimos a comer ese helado.
La verdad que lo pasamos muy bien reímos, hablamos y... nos besamos.
Cuando me di cuenta ya eran las nueve y me fui corriendo hacia mi casa donde me esperaban mis padres y mis tíos con mis primos. Resumiendo que mi madre me hecho la bronca del siglo pero pase una gran tarde.
Después de eso seguí quedando con Chema y con él volví a las drogas. Quedábamos todos los días. Íbamos al parque, a tomar algo, a su casa,... Era todo precioso. Volví a ir con sus amigos y como no volví a fumar.
Todo iba viento en popa, hasta... hoy. Habíamos quedado en su casa.
-Hola.- Le salude cuando abrió la puerta de su asa.
-Hola.- Nos dimos un beso fugaz.-¿Quieres algo?
-No, gracias.
Nos sentamos en el sofá y empezamos a hablar, fumamos algo y luego, luego, nos empezamos a besar. Todo iba muy bien note como su mano bajaba hasta mi muslo y luego a mi entrepierna. Sentí como me desabrochaba el cinturón.
-Hoy no.- Le susurré.
Él dejo su manos muertas, pero cada vez nos íbamos besando más y volvió a intentar abrir mi pantalón yo cogí sus manos y las saque de allí abajo, entonces el las cogió por las muñecas y me empezó a besr el cuello y empujarme cuidadosamente hacia atrás. Yo me deje llevar y empezo a tocarme el pecho y besarme en la boca. Entonces fue cuando escuche como desabrochaba su pantalón y después el mio. Ví sus intenciones y lo empuje.
-¿No has escuchado que hoy no?
-No me digas lo que tengo que hacer.-Me cogió del pelo.
Yo me quejé ya que me hacia daño.
-Dejame en paz.- Me solté.
Pero para no era suficiente. Me agarro de la mano me volteo y sentí un calor insoportable en la mejilla izquierda, me había dado una bofetada.
-Eres, eres, un gilipollas y un cobarde.
Pero eso le cabreo más y me volvió y golpear en la mejilla derecha, con eso tampoco se quedo satisfecho y comenzó a darme golpes sin control. Cuando paro de golpearme me cogió del brazo y me llevo hasta las puerta.
-Pues no vuelvas a la casa de este cobarde.- Y me cerro la puertas.
En ese momento fue cuando me desplome y comencé a llorar por todo, por lo idiota que era, por volver con él, por pasar buenos momentos que paso con él, por volver a las drogas, por volver al lado oscuro.
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